Borderline ( tlp ), Bipolaridad, Esquizofrenia
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Borderline (trastorno límite de la personalidad)

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Borderline (trastorno límite de la personalidad)

Mensaje por Admin el Sáb Mayo 02, 2015 5:38 pm


El tratamiento del trastorno límite de la personalidad resulta complejo para ambas partes, para el paciente y para el terapeuta, especialmente porque con frecuencia los pacientes, al igual que en otras relaciones interpersonales, alternan entre la idealización y la devaluación del especialista. Por esta razón, entre otras, muchas personas con TLP cambian con frecuencia de terapeuta.

En el enfoque psicoanalítico del tratamiento, se entienden las dificultades del paciente en las relaciones interpersonales como una manifestación de conflictos intrapsíquicos. Por tanto, la interpretación de estos problemas es el elemento central de la terapia.

En los últimos años se ha desarrollado un programa claramente estructurado para el tratamiento de los pacientes con trastorno límite de la personalidad. Éste, conocido como terapia dieléctico-conductual, se divide en los siguientes apartados:

En una fase preparatoria, el terapeuta informa al afectado sobre el trastorno límite de la personalidad y sobre la terapia. Se habla además sobre posibles abandonos o cambios de terapias en el pasado. De esta forma se busca que el paciente esté en posición de reconocer las primeras señales de aviso que puedan apuntar al abandono prematuro del tratamiento y actuar ante ellas.
En la primera fase de la terapia se centra la atención en las pautas de conducta problemática que surgen como consecuencia del TLP, principalmente:

Conducta autodestructiva e intentos de suicidio: el paciente y el especialista analizan juntos qué condiciones y situaciones derivan en estas conductas y desarrollan otras opciones de actuación para manejar situaciones y sentimientos difíciles.

Conductas que amenazan la terapia: el especialista y el paciente hablan también sobre los factores que ponen en peligro la continuidad y el éxito del tratamiento. En este sentido se abordan tanto las causas por parte del afectado, por ejemplo no acudir a las citas, como por parte del terapeuta, que podrían consistir por ejemplo en exigir demasiado al paciente.

Conductas que afectan a la calidad de vida: determinadas pautas de conducta, como el consumo de drogas o los problemas financieros, constituyen el elemento central de esta fase. También se realiza un primer acercamiento a las experiencias traumáticas, si bien inicialmente solo en relación al día a día actual. Aquí se incluye un cambio de las condiciones de vida que en ciertas circunstancias tienen como consecuencia experiencias traumáticas continuadas. Otros objetivos durante esta fase son lograr un mejor control de las emociones asociadas al trauma y tratar los síntomas disociativos.

Mejora de las habilidades conductuales: el terapeuta y el paciente trabajan en técnicas conductuales en determinados ámbitos problemáticos por medio de ejercicios con el fin de evitar ciertas situaciones. Entre estas se incluyen por ejemplo medidas para combatir el estrés. Así se ejercitan, normalmente en un grupo formado por varios pacientes con TLP, la percepción y control de los propios sentimientos o cómo gestionar el estrés.

Las consecuencias de las experiencias traumáticas no se tratan hasta la segunda fase de la terapia. Estas vivencias que suponen un lastre emocional no se sitúan en el foco de atención del tratamiento hasta que el paciente ha trabajado anteriormente cómo afrontar sentimientos intensos que surgen en relación al trauma y hasta que sus circunstancias vitales se han estabilizado. Esta estabilización puede consistir en que el paciente no se autolesione para reducir las tensiones emocionales y ya no exista riesgo de suicidio. En esta fase el objetivo no es revivir el trauma, sino que se busca que el paciente aprenda que las experiencias negativas son parte del pasado y cómo protegerse de las situaciones que evocan recuerdos de la vivencia traumática.
En la tercera fase se pretende integrar las conductas aprendidas en la terapia en la vida diaria. Este último estadio tiene dos importantes objetivos: aumentar la autoestima, y desarrollar y aplicar metas individuales.

La terapia dialéctico-conductual fue desarrollada como método de tratamiento ambulatorio. En ciertas circunstancias, por ejemplo en caso de conductas autodestructivas continuadas, es recomendable el ingreso en un centro, al menos de forma temporal. Los estudios que se han llevado a cabo hasta la fecha muestran que, especialmente en lo que respecta a las autolesiones, el internamiento logra mejoras más acusadas en la depresión y la integración social de los afectados. Los psicofármacos pueden complementar el tratamiento del TLP (por ejemplo, neurolépticos, que también se utilizan en el tratamiento de la esquizofrenia, o antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina).










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